
Siempre hay un pero, una especie de presentimiento oscuro que amenaza por aquí y por ahí.
Como un grito mudo, un algo que no se dice pero que todo el mundo sabe.
Y temo.
No puedo evitarlo, tengo miedo a que vuelva a suceder, a que vuelva a sufrir [mi corazón], que le hagan daño y tener que volver a recoger sus pedazos aún gritándome que no lo haga, que no lo necesita.
Supongo que no hay una decisión correcta, ni una totalmente errónea, vivimos el tiempo que nos toca vivir, y siempre estamos ahí, para lo bueno y lo malo.
Porque nos sigue la dulce tentación, de dejarnos llevar por nuestros impulsos…
Y es bonito y a la vez cruel.
Bonito porque sé que lo necesita, y por que ya se merece que de una vez las cosas le salgan bien.
Cruel, por la duda. El enigma hiriente del ¿Qué pudo haber sido?
No sé, el tiempo cambia, la gente cambia, las relaciones cambian... el cambio es un constante en nuestras vidas, aunque en el fondo todo siga igual...
Bueno, como estamos todos deprimidos... Pues yo estoy hasta la madre, ahora...
Y esas frases a medias, esas ganas de contar que tengo, esas miradas lánguidas, y esas sonrisas con dos caras... ¿Cómo estás?
Aquí estoy, como siempre, como antes, como ahora...
Algún día... demasiadas cosas en la cabeza... demasiadas interferencias.
Ya no hay calor, ya no hay anhelos.
No queda nada, solo el frío.
La pequeña esperanza que te da la incertidumbre del ¿Qué será?
Por lo demás, nada, vacío.
El recuerdo de vívidas imágenes pasadas que se retuercen entre la realidad y la ficción.
La verdad absoluta…
Y el vacío incomprensible del ¿Por qué?
Como un grito mudo, un algo que no se dice pero que todo el mundo sabe.
Y temo.
No puedo evitarlo, tengo miedo a que vuelva a suceder, a que vuelva a sufrir [mi corazón], que le hagan daño y tener que volver a recoger sus pedazos aún gritándome que no lo haga, que no lo necesita.
Supongo que no hay una decisión correcta, ni una totalmente errónea, vivimos el tiempo que nos toca vivir, y siempre estamos ahí, para lo bueno y lo malo.
Porque nos sigue la dulce tentación, de dejarnos llevar por nuestros impulsos…
Y es bonito y a la vez cruel.
Bonito porque sé que lo necesita, y por que ya se merece que de una vez las cosas le salgan bien.
Cruel, por la duda. El enigma hiriente del ¿Qué pudo haber sido?
No sé, el tiempo cambia, la gente cambia, las relaciones cambian... el cambio es un constante en nuestras vidas, aunque en el fondo todo siga igual...
Bueno, como estamos todos deprimidos... Pues yo estoy hasta la madre, ahora...
Y esas frases a medias, esas ganas de contar que tengo, esas miradas lánguidas, y esas sonrisas con dos caras... ¿Cómo estás?
Aquí estoy, como siempre, como antes, como ahora...
Algún día... demasiadas cosas en la cabeza... demasiadas interferencias.
Ya no hay calor, ya no hay anhelos.
No queda nada, solo el frío.
La pequeña esperanza que te da la incertidumbre del ¿Qué será?
Por lo demás, nada, vacío.
El recuerdo de vívidas imágenes pasadas que se retuercen entre la realidad y la ficción.
La verdad absoluta…
Y el vacío incomprensible del ¿Por qué?
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